Pedido, recepción y factura: cuadrar los tres papeles

Lo que pediste, lo que llegó al muelle y lo que te facturan casi nunca son la misma cosa. Cómo montar el cuadre de los tres documentos en una pyme, con los cinco tipos de diferencia que aparecen de verdad y qué hacer con cada una antes de conformar.

El proveedor manda la factura del mes: 14 albaranes, 27.480 €. Llega el día 3, hay que conformarla antes del día 5 porque el vencimiento es a 30 días fecha factura, y quien la revisa tiene esa mañana y otras once cosas encima. Así que hace lo que hace todo el mundo: mira el total, le suena razonable, y firma.

Dentro de esos 27.480 € hay, casi con seguridad, entre 200 y 600 € que no deberían estar. No porque el proveedor sea un sinvergüenza: porque en catorce entregas se cuelan un precio antiguo, una caja que no llegó, un porte que se factura dos veces y un descuento pactado que el comercial no metió en su sistema. Nadie lo va a devolver, porque nadie lo va a mirar.

Los tres papeles y por qué nunca coinciden

Toda compra deja tres documentos, y los tres dicen cosas distintas a propósito:

Documento Qué afirma Quién lo genera
Pedido Lo que acordé comprar, a qué precio y para cuándo
Albarán de recepción Lo que de verdad entró por la puerta El proveedor, lo verificas tú
Factura Lo que el proveedor pretende cobrarte El proveedor

El pedido es una intención. El albarán es un hecho físico. La factura es una pretensión económica. Cuadrarlos es comprobar dos cosas: que te facturan lo que llegó (no lo que pediste) y que te lo facturan al precio que acordaste (no al de su tarifa vigente).

Fíjate en el matiz de la primera: si pediste 100 y llegaron 80, la factura correcta es de 80. Mucha gente compara la factura contra el pedido y da por buena la de 100 porque «ya llegará el resto». Ese resto a veces no llega nunca.

Las cinco diferencias que aparecen de verdad

Después de ver bastantes cuadres, las discrepancias reales se agrupan en cinco:

  1. Cantidad servida distinta de la pedida. Es la más frecuente y casi siempre legítima: rotura de stock, entrega parcial, unidad de venta distinta. El problema no es que pase; es no saber si lo que falta sigue pendiente o se anuló.
  2. Precio facturado distinto del pactado. Suele ser una tarifa que subió y que tu proveedor aplicó antes de avisarte, o un descuento negociado por teléfono que nunca bajó a su sistema. Céntimos por unidad que en 4.000 unidades son 240 €.
  3. Portes, seguros y embalajes que aparecen de la nada. Se pactó portes pagados a partir de 500 € y la entrega fue de 470 €. O se factura el porte de una entrega que se dividió en dos por culpa del proveedor.
  4. Descuentos y rappeles mal aplicados. El 3 % de pronto pago sobre una factura que vas a pagar a 60 días. O el rappel anual liquidado sobre una base que no es la tuya.
  5. Mercancía facturada y no recibida. La menos frecuente y la más cara. Un albarán que existe en su sistema y del que en tu almacén nadie sabe nada.

Las tres primeras se detectan comparando importes. Las dos últimas solo aparecen si alguien, al recibir, comprobó la mercancía contra el pedido en ese momento. Después ya es tarde: el palé está deshecho y la memoria no sirve como prueba.

El cuadre en tres pasos, tal y como funciona

La mecánica es siempre la misma, cambie el software que cambie:

  1. Al pedir, se registra el pedido con cantidades y precios acordados. Este es el paso que más se salta la pyme —«se lo pido por WhatsApp y ya está»— y sin él no hay nada contra lo que cuadrar. Si no hay precio escrito antes de la entrega, no hay discrepancia posible: hay la palabra del proveedor.
  2. Al recibir, se genera el albarán desde el pedido. La persona del muelle solo tiene que confirmar o corregir cantidades: llegaron 80 de las 100. Ahí es donde nace el stock, y donde queda registrado que hay 20 pendientes de recibir.
  3. Al facturar, la factura se genera desde los albaranes recibidos, no desde el pedido ni desde cero. Lo que no ha llegado no se puede facturar, sencillamente porque no está en ningún albarán.

Ese «desde» de los pasos 2 y 3 es toda la magia. Si cada documento nace del anterior arrastrando líneas nuevas enlazadas a su origen —no copiadas a mano, no compartidas— el cuadre deja de ser una tarea y pasa a ser una consecuencia. Es exactamente el mismo mecanismo que en ventas describimos en la cadena de presupuesto a factura, leído del revés.

Y hay un efecto secundario importante: el stock se mueve una sola vez en toda la cadena, en la recepción. Ni el pedido ni la factura tocan existencias. Si tu sistema suma stock al pedir y otra vez al recibir, tienes un problema anterior al del cuadre.

Qué hacer con cada diferencia antes de conformar

Detectar es la mitad. La otra mitad es decidir, y decidir rápido:

Diferencia Decisión Plazo razonable
Menos cantidad de la pedida Se factura lo recibido y el resto queda pendiente o se anula En la recepción
Más cantidad de la pedida Se acepta y se amplía el pedido, o se devuelve En la recepción, 24 h
Precio superior al pactado Se reclama antes de conformar; no se paga y se corrige después Antes de conformar
Porte no pactado Se reclama; suele resolverse con un abono Antes de conformar
Facturado y no recibido Se para la factura entera y se busca el albarán Inmediato

La columna del plazo es la que se incumple siempre. Una diferencia de precio reclamada el mismo día se resuelve con un correo; reclamada en marzo sobre una factura de enero ya pagada se convierte en una negociación incómoda que muchas veces se abandona.

Regla práctica: lo que no se reclama antes de conformar, se regala. Conformar es decir «esto está bien». Después de eso, defender lo contrario requiere una llamada, un histórico y ganas.

El umbral de tolerancia, para no volverse loco

Cuadrar al céntimo 300 líneas de compra al mes no es realista ni rentable. Fija un umbral y escríbelo:

  • Diferencias por debajo de 5 € por línea y 20 € por factura: se aceptan y se registra el motivo, sin reclamar.
  • Por encima: se para, se reclama y no se conforma hasta que hay respuesta.
  • Sin umbral en dos casos, cuesten lo que cuesten: mercancía facturada y no recibida, y precio distinto del pactado. La primera porque es un fallo grave de control; la segunda porque si la dejas pasar una vez, se convierte en el precio nuevo.

Ese último punto es el que más dinero mueve a doce meses. Un céntimo por unidad aceptado en silencio en enero es el precio de partida de la negociación del año siguiente.

Lo que esto arrastra hacia tesorería

Una factura de proveedor conformada genera un vencimiento, y ese vencimiento es un compromiso de pago con fecha. Si conformas mal, no solo pagas de más: te comprometes a pagar de más un día concreto. Por eso el cuadre no es una tarea de almacén ni de administración, sino de las dos, y por eso conviene entender que la tesorería empieza en la factura y no en el banco.

Un detalle nada menor: la fecha del vencimiento se cuenta desde la fecha de factura, no desde el día en que tú la revisas. Cada día que tardas en cuadrar es un día menos para reclamar sin que te pille el pago.

La comprobación de cinco minutos

Coge las tres últimas facturas de tu proveedor principal y responde:

  1. ¿Existe un pedido registrado, con precios, anterior a cada entrega? Si no, empieza por ahí: sin pedido no hay cuadre posible.
  2. ¿Puedes ver, sin llamar a nadie, qué albaranes componen cada factura?
  3. Coge tres líneas al azar y compara el precio con el del pedido. Si las tres coinciden, enhorabuena. Si una no, multiplica esa diferencia por las líneas del año.
  4. ¿Hay alguna cantidad marcada como pendiente de recibir de hace más de dos meses? Eso es material que pagaste o que pediste y que ya no va a llegar; hay que cerrarlo.

Empieza por un solo proveedor: el de más volumen. Registra sus pedidos con precio durante un mes, recibe desde el pedido y factura desde los albaranes. Al mes tendrás el número exacto de lo que se te estaba escapando con ése, y una idea bastante buena de lo que pasa con los demás.

Por PlanerGes En Compras