Preclientes y clientes: cuándo deja de ser un contacto

Tu lista de clientes tiene 1.400 fichas y 380 facturan. Las otras mil son contactos que se colaron. Cómo separar precliente y cliente sin partir la empresa en dos programas, y qué tiene que pasar exactamente el día que uno compra.

Abre la lista de clientes de tu programa de gestión y cuenta las filas. Ahora cuenta cuántas de esas filas han recibido una factura en los dos últimos años. En casi todas las pymes que he visto la diferencia es enorme: 1.400 fichas, 380 con facturación viva. Las otras mil son una feria de 2022, tres formularios de la web, un señor que llamó preguntando precios y nunca volvió, y la empresa que estuvo a punto de firmar y se fue con otro.

Nadie las metió ahí por gusto. Las metió porque el programa solo tenía un sitio donde meterlas. Cuando la única entidad disponible se llama «cliente», todo el que aparece por la puerta acaba siendo cliente, aunque no haya comprado un tornillo.

Qué distingue de verdad a un precliente de un cliente

No es el volumen ni la simpatía. Es una frontera única y muy concreta: un cliente es aquel al que has emitido un documento con consecuencias. Una factura, normalmente. Un albarán servido, como mucho.

Todo lo anterior —la llamada, la visita, el presupuesto, las tres versiones de la oferta, el «lo vemos después de verano»— es actividad comercial sobre alguien que todavía no lo es. Eso es un precliente.

La frontera importa porque a partir de ella cambian las obligaciones. A un cliente le pides NIF completo y correcto, dirección fiscal, forma de pago, condiciones, plazo, y le abres un riesgo. A un precliente le pides un teléfono, un nombre y poco más, porque si le pides más de eso no te lo da y encima ralentizas la venta.

Lo que se rompe cuando los mezclas en la misma lista

Meterlo todo en «clientes» no es un problema estético. Ensucia cosas que cuestan dinero:

Qué se ensucia Cómo se nota
Facturación Buscas «Martínez» y salen nueve; tres no han comprado nunca y dos son la misma empresa
Riesgo El límite de crédito y la deuda media se calculan sobre un denominador falso
Informes «Clientes activos» y «clientes nuevos del trimestre» dejan de significar nada
Datos fiscales Fichas sin NIF conviviendo con fichas fiscales; nadie sabe cuáles hay que completar
Comunicaciones Mandas un aviso de subida de tarifa a gente que no te ha comprado jamás
Limpieza Nadie borra nada por miedo a cargarse un cliente de verdad

El síntoma clásico llega el día que quieres saber cuántos clientes nuevos has ganado en el año. La respuesta honesta es que no lo sabes, porque la fecha de alta de la ficha es la fecha en que alguien la tecleó, no la fecha en que compró. Y esos dos momentos pueden estar separados por tres años.

Y lo que se rompe cuando los separas en dos programas

La reacción típica es montar un CRM aparte: los contactos y las oportunidades ahí, la facturación en el ERP. Sobre el papel queda muy limpio. En la práctica aparecen tres problemas nuevos.

El primero es el doble tecleo en el peor momento posible. El día que el cliente dice que sí —el día que menos tiempo tienes y más prisa hay— toca crear otra vez la ficha en el otro programa. Con las erratas de rigor: el NIF con un dígito bailado, la calle abreviada de otra manera, el nombre comercial en vez de la razón social.

El segundo es que el histórico se corta justo donde empieza a valer. Toda la conversación previa a la venta —qué se ofreció, a qué precio, qué objeción puso, quién decidió— se queda en el CRM, y cuando dos años después hay que renovar o hay una reclamación, nadie va a buscarla allí.

El tercero es la pregunta sin respuesta: ¿este cliente ya compró o sigue en el embudo? Con dos sistemas hay dos verdades, y suelen discrepar.

El precliente como entidad de pleno derecho

La solución no es un campo «¿es cliente? sí/no» escondido en una pestaña. Es tratar al precliente como lo que es: una entidad con su ficha, su histórico y sus documentos, que vive en el mismo sitio que los clientes pero en una lista distinta.

Un precliente bien montado tiene:

  1. Ficha propia y buscable, con los datos mínimos que se pueden conseguir en una primera llamada.
  2. Actividades: llamadas, visitas y correos con fecha, persona y resultado. No hace falta un informe; hacen falta cuatro líneas.
  3. Oportunidades con importe estimado, fase del embudo y fecha prevista de cierre. Eso es lo que luego te da la previsión.
  4. Ofertas de verdad, con sus líneas, sus precios y su PDF, no un documento de Word en una carpeta.
  5. Correos archivados en la propia ficha, para que lo que se prometió antes de vender no dependa del buzón de nadie.

Fíjate en que ahí ya hay documentos comerciales reales. Un precliente puede recibir tres ofertas y no ser cliente todavía; eso es normal y el sistema tiene que soportarlo sin obligarte a inventarle un NIF.

En PlanerGes esto son dos listas separadas dentro del mismo módulo de Ventas —Preclientes y Clientes— con las mismas ofertas, oportunidades y actividades disponibles en ambas. Es la misma base de datos, no dos programas hablando por una pasarela.

Qué pide cada uno, y cuándo

Una manera práctica de decidir qué campo va en qué momento:

Dato Precliente Cliente
Nombre comercial Obligatorio Obligatorio
Persona de contacto y teléfono Obligatorio Obligatorio
Razón social y NIF Opcional Obligatorio
Dirección fiscal Opcional Obligatorio
Forma de pago y vencimientos No aplica Obligatorio
Tarifa y descuentos Opcional Recomendado
Agente asignado Recomendado Recomendado
Origen del contacto Obligatorio Se conserva del precliente
Cuenta bancaria para remesa No aplica Si domicilias

El «origen del contacto» es el campo que casi nadie rellena y el que más vale a los dos años, cuando quieras saber si la feria de septiembre sirvió para algo.

La conversión: qué tiene que pasar exactamente

El día que el precliente compra, la conversión debe hacer esto y nada más:

  1. La misma ficha cambia de estado, no se crea otra. El identificador interno se conserva.
  2. Se completan los datos fiscales que faltaban: razón social, NIF, dirección, forma de pago. Es el único momento en que hay que teclear algo, y es teclear lo que antes no existía, no repetir lo que ya estaba.
  3. El histórico entero viaja con la ficha: actividades, oportunidades, ofertas, correos. Nada se archiva ni se pierde.
  4. La oportunidad se cierra como ganada, con su importe real, para que la previsión del embudo se pueda contrastar con la realidad.
  5. La oferta se convierte en pedido, y de ahí sigue la cadena. Si trabajas bien la conversión de presupuesto a factura, no vuelves a teclear ni una línea ni un precio.
  6. Nace el primer vencimiento en cuanto se emite la factura, que es donde de verdad empieza la tesorería.

Si tu herramienta te obliga a saltarte alguno de esos seis puntos, la conversión no es una conversión: es un alta nueva con el histórico tirado a la basura.

La comprobación de cinco minutos

Coge tu lista de clientes actual y responde a estas tres preguntas con datos, no de memoria:

  • ¿Cuántas fichas no tienen NIF? Ésas son preclientes disfrazados. Si son más del 20 %, tu lista de clientes no es una lista de clientes.
  • ¿Cuántas no han tenido ni una factura en 24 meses? Ésas o son preclientes o son clientes dormidos que merecen una llamada, pero desde luego no son «clientes activos». Y si esa cuenta la estás haciendo a mano sobre una hoja de cálculo, ahí tienes otro síntoma de dónde se rompe Excel como sistema de gestión.
  • De los cinco últimos clientes nuevos, ¿puedes ver qué se les ofreció antes de que compraran, y a qué precio? Si la respuesta está en el correo de alguien, no está en ningún sitio.

No hace falta migrar diez años de contactos ni montar una limpieza masiva de un fin de semana. Empieza por lo que entre a partir del lunes: todo contacto nuevo nace como precliente y no asciende hasta que hay una factura. En seis meses la lista de clientes vuelve a significar lo que dice su nombre, y las mil fichas viejas se van depurando solas conforme las tocas.

Por PlanerGes En CRM