El comercial pregunta cuánto le cuesta el rodamiento 6204 para saber hasta dónde puede bajar. Alguien mira la última factura de compra: 3,90 €. Perfecto, vendemos a 5,20 y ganamos 1,30.
Solo que en el almacén hay 210 unidades y las últimas veinte entraron a 9,50 € porque hubo que traerlas de urgencia un viernes. Y las 90 anteriores venían de compras a 4,00 y 4,60. El coste real de lo que hay en la estantería no es 3,90: es 4,52. El margen que el comercial creía tener era un 25 % más grande de lo que es.
Eso es todo lo que resuelve el coste medio ponderado. No es contabilidad avanzada: es responder honestamente a «¿cuánto me costó esto que voy a vender?».
La regla, en una línea
El coste medio solo cambia cuando entra mercancía. Nunca cuando sale.
Cuando compras, mezclas lo que ya tenías con lo que acabas de traer y recalculas:
coste medio nuevo = (valor anterior + valor de la entrada) / (unidades anteriores + unidades entradas)
Cuando vendes o consumes, sales al coste medio vigente en ese momento. Bajan las unidades, baja el valor exactamente en la misma proporción, y el coste por unidad se queda donde estaba.
A mucha gente le chirría lo segundo. La intuición dice que si vendes las caras, deberían quedarte las baratas. Pero en un almacén de PMP no existen «las caras» y «las baratas»: existe un montón homogéneo con un coste único. Es una simplificación deliberada, y es la que hace que el sistema aguante miles de referencias sin volverse loco.
Seis movimientos, con los números delante
Rodamiento 6204, marzo. Ejemplo inventado pero con cifras del todo verosímiles:
| Fecha | Movimiento | Ud. | Precio | Existencias | Valor total | Coste medio |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 01/03 | Compra | +100 | 4,0000 | 100 | 400,00 | 4,0000 |
| 08/03 | Compra | +50 | 4,6000 | 150 | 630,00 | 4,2000 |
| 12/03 | Venta | -60 | — | 90 | 378,00 | 4,2000 |
| 19/03 | Compra | +200 | 3,9000 | 290 | 1.158,00 | 3,9931 |
| 24/03 | Venta | -100 | — | 190 | 758,69 | 3,9931 |
| 28/03 | Compra urgente | +20 | 9,5000 | 210 | 948,69 | 4,5176 |
Repasa fila a fila:
- 08/03: entran 50 más caras. 400,00 + 230,00 = 630,00 entre 150 unidades → 4,20. El coste sube, pero no hasta 4,60: sube ponderado, que es justo lo que significa la palabra.
- 12/03: salen 60. El valor baja 60 × 4,20 = 252,00. El coste medio no se mueve ni un céntimo. Ésta es la fila que hay que entender.
- 19/03: una compra grande y barata. 200 unidades a 3,90 arrastran el medio de 4,20 a 3,9931, porque pesan más del doble que lo que había.
- 28/03: veinte unidades a 9,50, un 9,5 % de las existencias, suben el coste un 13 %. De 3,9931 a 4,5176.
Esa última fila es la que te arruina el margen sin que te enteres. Y no es un error del sistema: es la verdad. Esas veinte unidades te costaron eso.
Qué hacer con la compra a precio raro
Antes de tocar nada, pregúntate qué es ese precio.
- Es el precio real de la mercancía (subida de tarifa, cambio de proveedor, urgencia). Entonces el coste medio tiene razón y lo que hay que revisar es tu precio de venta. Duele, pero es información buena.
- Es un error de tecleo —un 9,50 donde iba 0,95, o un precio de caja aplicado a la unidad—. Entonces corrige el movimiento y deja que el sistema recalcule hacia delante. Nunca «ajustes» el coste a mano al valor que te gustaría: el número acabaría estando bien y el libro, mal.
- Son portes o gastos que se colaron en el precio unitario de una compra pequeña. Aquí es donde se decide si tus costes accesorios los repartes o los tratas aparte, y conviene decidirlo de una vez y no factura a factura.
En los tres casos, el sitio donde se detecta es el mismo: cuadrando la factura del proveedor contra lo que llegó. Si conformas facturas sin comparar, el precio raro entra al almacén sin que nadie lo vea. Por eso cuadrar pedido, recepción y factura no es solo una cuestión de no pagar de más: es también el filtro que protege tu valoración.
Por qué el coste es del artículo, no del almacén
Ésta es la parte que más discusiones genera y la que más importa tener clara.
La cantidad es por almacén: 130 rodamientos en la nave y 80 en la tienda. Eso es físico y hay que saberlo.
El coste medio, en cambio, es por empresa y artículo. Uno solo para las 210 unidades, estén donde estén.
¿Por qué? Porque si el coste fuera por almacén, un traspaso interno cambiaría el valor de tu inventario sin que haya pasado nada económico. Mueves 50 unidades de la nave a la tienda y, si cada almacén tuviera su propio medio, la tienda «compraría» a un precio y de repente el total valorado ya no cuadra. Mover una caja de un sitio a otro no crea ni destruye valor. Un traspaso es un movimiento de cantidad, y punto.
El coste sí es por empresa, y ahí sí hay frontera de verdad: dos sociedades del mismo grupo tienen libros distintos y valoraciones distintas, aunque compartan el catálogo de artículos.
El libro manda, la foto se reconstruye
Un detalle de arquitectura que conviene exigirle a cualquier sistema: el coste medio y las existencias no son datos que alguien guarda y actualiza. Son el resultado de recorrer el libro de movimientos en orden.
Eso tiene una consecuencia práctica enorme. Si aparece una compra de hace tres semanas que no se había registrado, se mete con su fecha y todo lo posterior se recalcula hacia delante: las salidas de esas tres semanas pasan a valorarse con el coste que de verdad tocaba. La foto de existencias y valor se rehace desde cero cuando haga falta, porque siempre es reconstruible. Es la misma idea que hace que el stock se mueva una sola vez en toda la cadena de documentos: hay un solo sitio donde ocurre la verdad.
Lo contrario —un campo «coste» que se pisa y ya— es lo que produce esos almacenes en los que nadie sabe explicar por qué el valorado no cuadra con nada.
Corolario incómodo pero sano: llega un momento en que hay que cerrar el pasado. Una fecha de bloqueo por empresa, a partir de la cual no se admiten movimientos hacia atrás. Si no, cada cierre de ejercicio es un blanco móvil.
Y el inventario, ¿qué le hace al coste?
Cuando cuentas y ajustas, hay dos situaciones distintas:
- Ajuste sin precio: aparecen 12 unidades que no estaban contabilizadas, o faltan 5. La cantidad cambia; el coste medio, no. El ajuste entra al coste vigente y el medio se queda igual. Es neutro.
- Ajuste con precio: le dices al sistema a cuánto valoras esas unidades. Entonces sí repondera, como cualquier entrada.
La regla sensata: los ajustes de recuento van sin precio salvo que sepas de verdad a qué coste entró aquello. Meter un precio inventado en un inventario es la forma más silenciosa de estropear una valoración.
PMP frente a FIFO, con los mismos números
FIFO valora las salidas por capas: sale primero lo que entró primero. Con los datos de arriba:
| Método | Coste de las 160 unidades vendidas | Valor de las 190 en almacén |
|---|---|---|
| PMP | 651,31 | 758,69 |
| FIFO | 669,00 | 741,00 |
Diferencia: 17,69 € en 160 unidades, un 2,6 %. Con precios que se mueven un 15 %, en un mes movido.
Es decir: no es un método mejor y otro peor, y desde luego no es la diferencia entre ganar y perder dinero. FIFO refleja mejor la realidad física cuando el producto caduca o rota estrictamente por antigüedad. PMP es más simple de explicar, más barato de calcular y suaviza los picos de precio, que en una pyme con doscientos proveedores suele ser lo que quieres. Lo que sí importa es elegir uno y no cambiar, porque el año en que cambias de método el margen se mueve por razones que no tienen nada que ver con tu negocio.
La comprobación de cinco minutos
Coge tus cinco artículos de más volumen y haz esto:
- Anota el coste medio que da tu sistema y el precio de tu última compra. Si difieren más de un 10 %, alguien está calculando márgenes con el número equivocado.
- Mira si alguno tiene existencias positivas y valor cero, o valor positivo y existencias cero. Ésos son los que te van a descuadrar el cierre.
- Comprueba si tu sistema te da un coste distinto por almacén. Si es que sí, averigua qué pasa cuando haces un traspaso.
- Pregúntale al comercial que más descuento hace con qué coste calcula sus precios. La respuesta suele ser «con el de la última compra», y ahí tienes la conversación que hay que tener el lunes.
No hace falta rehacer el histórico. Basta con que a partir de esta semana toda entrada lleve su precio real —el de la factura conformada, no el del catálogo— y en dos o tres meses de rotación el coste medio de tus artículos vivos será, sencillamente, el correcto.